11/05/2016

Fabio Andrés Degado Micán



Fabio Andrés Delgado Micán nació el 6 de abril de 1985 en Soacha, municipio de Cundinamarca en Colombia.  Estudió Ciencias Sociales en la universidad La Gran Colombia. 
Ha publicado en una serie de revistas de poesía (Chile, Colombia, España, Argentina, México, Bolivia) varios de sus trabajos. Ha sido gestor de colectivos literarios como Voces de Quimera en Bogotá y de grupos culturales como SEMINARÉ.   Participó en el IXI Encuentro Internacional de Poetas de Zamora(Michoacán, México) en el año 2015, invitado a la Juntada de Poetas del Sur en Argentinay el VIII Encuentro de Escritores en Goya, Argentina, la II Juntada de Poetas del Sur en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Presentando así su poemario ASMA de la editorial Piedra de Toque (Colombia) y su participación en una antología de poesía latinoamericana con la editorial El perro celestial (Bolivia). 




Desde la conducta

La bolsa de valores
el precio del dólar
el despertador en la mañana
el canal de noticias
sus mentiras excedidas.
El olor del tostador en la cocina.

El pan mojado en el café
los servicios públicos
el sector financiero
verte el sábado en el almuerzo
el domingo en el cine
llegar a tiempo al trabajo.

El shampoo de fresa
el jabón de avena
mi perfil de facebook,
ese que no soy que dicen que soy
toma decisiones y es libre.

Instagram y los gestos
de felicidad que debo de hacer en selfies.
Whatsapp:
Los besos,
Las conversaciones,
Las incógnitas,
La voz en la distancia,
Los grupos de gente que no son reales.
El teléfono móvil
que nos hace todo.
Termina viviendo por nosotros.

El baile MTV donde todos son sexis
pero nadie baila con nadie
la ropa de moda
la música de la emisora
Youtube y sus millones de visitas
Los Youtuber y su montón de cosas dichas.

Entonces soñar se hace más difícil
Imaginar,
un trajín que vamos olvidando
pensar es un crimen
y la poesía una invitación al delito.






Victoria en el espejo

Ese sonido de Victoria con los labios
cada vez que los pinta
es una pequeña obertura del beso,
un instante en que van a crujir los sueños
que se caen de un árbol
al que le van pasando los años.

Entonces se busca la mirada en el reflejo
Y este

                 -su reflejo-
va evadiendo la responsabilidad de verse.
Sabe que se miente
que anda enamorada de nuevo.
No le bastaron las ajadas cicatrices
que aún no sabe si han cerrado,
ni las palabras de esos poemas que anda escribiendo en su cuaderno.

Sonríe al fin y al cabo,
Victoria intenta saber que la vida
es ese arsenal de malas decisiones,
pretende entender que el amor
es eso tan humano como ella.

El espejo queda solo
ella lo ojea
entiende que quizás la otra Victoria
tenga la razón
y no le importa,
les queda una vida para seguir
pintándose los labios,
enamorándose del mundo.






Pactos para intentar un sueño

"La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa"
Erasmo de Rotterdam


Hemos caminado hastiados media historia
entre huellas de mentiras y miedo,
nuestras familias en pantanos de sangre
alabar la muerte como un santo patrón de todos los días
en el infinito cielo inalcanzable.

Entonces dejemos los campos cumplir su función
de sonreírnos las mañanas,
veamos nacer los amaneceres en los ojos de nuestros hijos
y correr los ríos entre las montañas sin que viajen los gemidos.

Nuestras abuelas y su olor a tierra mojada
soñar las plazas llenas de manos que labran la fruta
en la boca de las mujeres saciadas 
de amor y esperanza.

Cantar, cantar a viva voz desde el vientre fértil
No vamos a parir desdichas,
mirar a los amantes dormir la siesta de la tarde
sin que llores despedidas,
tomar el café en silencio dibujando el horizonte.

No hay duda que la huella queda,
y que la memoria es un reloj que nos suena en la cabeza
punzando el corazón cansado de tristezas.
Pero aún prefiero besar mil veces esta ilusión romántica que queda
antes que ver empuñar otra generación valientemente sus fusiles.






Lugar de origen

El eucalipto se cuelga de los amaneceres
a dónde van los pájaros.

El campesino desanda los caminos
silba entre la cebada una canción para sus hijos,
su mujer se acomoda los cabellos
con esas manos de pan
que llevan consigo la esperanza.

La vaca lame el ternero
él mama la leche con los ojos cerrados.
Una tropa de gallinas escarban la tierra,
mueven sus alas como intentando un vuelo.

La plaza tiene el olor del jengibre,
las abuelas desgranan arvejas, mazorcas y habas
sonríen en el rostro la evidencia de los años
algo ya cansadas.

Un río de mariposas oscuras
como un río de cenizas
esperan ese perfume de las flores mojadas,
estallar en los párpados de la brisa,
esa que es mensajera de las albas.

Es aquí mi lugar de origen 
en estos arbustos parieron mis raíces,
las piernas de mi madre se abrieron
al compás de la luz de mis ojos.
Nacieron mis sueños en los labios de mi abuela
recitando universos de palabras.

Luego la arena cubrió los pinos
el barro penetró las aguas.
La herida es una llaga
sangra en el rostro de las máscaras.

Mi lugar de origen se ha marchado
sus huellas las atrapó el asfalto,
yo recojo las semillas de los años
con las manos moribundas

ásperas y rasgadas.





Recital de poesía ofrecido por Fabio Andrés Delgado Micán en Bogotá:


Respirar a dos voces. Reseña del libro ¨Asma¨


Reseña de Jorge Valbuena


Libro de poesía: Asma
Autores: Edwin Gamboa – Fabio Delgado
Editorial: Piedra de toque, Poesía ambulante. Colección Estampillas Poéticas.
Bogotá 2015

Los poetas han dejado de ser hijos de la divinidad pero no por ello menos dioses. Acaso nuevos dioses, dioses otros que se precipitan a edificar  con las hebras de sus angustias altares remotos, escenarios donde pueden trocar máscaras por destierros, balanzas por aire, sobras de eternidad por retazos de asombro. Todo ello como una constelación de incertidumbres.
Así el panorama de Asma; libro que teje una alabanza para el incendio, libro que alza la voz para el despojo, eco enfermo de gritos. Ninguna temporalidad, señal, hilo que nos destine a cuidar el paso en sus páginas; es la forma del cuerpo errante que hemos sido y que tienta a sus reflejos a olvidarse, pero quedan las marcas, el hollín, las cicatrices, llanto en las arterias para ser uno contemplado en la tempestad del otro.
Son dos voces que se confabulan para migrar, hacer un viaje al respiro como única sentencia de nuestro paso por la historia del viento, tempestad que se hereda, escudriñan en el aliento las espinas que han quedado ancladas al dolor y al juego. Edwin Gamboa y Fabio Delgado crean en Asma otra forma de acceder al tiempo, lejos de la línea horizontal que a diario nos asoma en nuestras acciones e intercambios, nos entregan a las fugas que convulsionan en nuestras emociones, las formas que contiene el recuerdo y los instantes, sin asemejarse a la presunta lucidez que hemos inventado para revelarnos:

Gamboa traza:

¨También hay madera de la chimenea de la infancia,
el dulce silencio de la lectura en la habitación,
el gorgojeo de la lluvia que cae, anocheceres más
bellos que la tarde y horas de la noche
que nos acercan a la divinidad
(no hay otra divinidad  que el reino de las palabras)¨
  

Delgado rema:


¨Hay disparos fuera de mi casa.
adentro casi todos están muertos
y beben café negro
en los rincones.

En las escaleras se sientan los desaparecidos
buscando respuestas
en las ventanas.¨

Es en las ruinas que acontece el tiempo, como otra víctima del miedo y las circunstancias, el pasado deja de ser una sombra compasiva. En Asma se transcurre sin inicio, ni límites, ni destinos, el tiempo es un juego más de las derrotas. El verbo no toma distancia ante sí mismo, las palabras hilvanan de nuevo los asuntos que ya han sido sometidos a certezas, los briosos asuntos del pasado que vuelven a pasar, por Ítaca, esta ciudad, la pintura, la rebeldía, las masacres, el ajedrez, la guerra, la ebriedad, la literatura, el amor, los atardeceres, la calle, Penélope.
No pretende la revelación ser parte de estos ahogos, no hay epifanías que marquen una distancia entre el yo y su entorno, sino un paisaje que entrelaza un todo a su caída, en lugar de la descripción proponen el enfrentamiento, en lugar del ritual proponen la desmitificación; el poema se ofrenda a sí mismo y sus detalles son solo piezas de un extenso tapiz que es la humareda del mundo, templadas allí con la azarosa minucia con que invaden los recuerdos.


Texto publicado inicialmente en: http://www.laraizinvertida.com/detalle.php?Id=1806

Edwin Gamboa y Fabio Andrés Delgado Micán


A continuación, presentamos dos poemas de los autores Edwin Gamboa y Fabio Andrés Delgado Micán.



FABIO DELGADO

Nació el 6 de abril de 1985 en Soacha, municipio de Cundinamarca, Colombia. Estudió Ciencias Sociales en la Universidad La Gran Colombia. Ha publicado en una serie de revistas de poesía varios de sus trabajos, ha sido gestor de colectivos literarios como VOCES DE QUIMERA en Bogotá y de grupos culturales como SEMINARÉ en compañía de Leidy Gutiérrez, Edwin Gamboa y Diego Landinez, colectivo cultural que les permitió trabajar desde una visión más amplia las Ciencias Humanas.




ARTE POÉTICA

De todas las autopsias que los poetas le han hecho al viento,
de los banquetes ofrecidos en sus casas
devorándose el amor;
de esas alhajas de amargura que les obligan las manos
a limpiarse sus bocas con la nostalgia,
esa otra alhaja,
No ha quedado nada:
solo una cacería de dioses
que se matan a sí mismos.


***


EDWIN GAMBOA

Nació pobre y feo. Le tocó en suerte nacer en un país con el tercer mayor índice de asesinatos en la región, Colombia, y para no matar -o no matarse- dedica sus horas a la literatura. Estudió Filología Clásica en la Universidad Nacional de Colombia y adelanta estudios de posgrado en el Instituto Caro y Cuervo, de donde es, actualmente, profesor auxiliar; trabaja también como docente en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá. Hoy en día sigue siendo pobre y feo.




ÍTACA

“Yo soy tu laberinto…”
(Lamento de Ariadna, Nietzsche)


Los años han ajado la piel de Ulises. Las manos ásperas beben la sangre de los pretendientes. Es de noche y hace frío. Penélope, insegura, no se acerca al hombre envejecido: le cuesta creer que el más astuto de los hombres sea ahora un escombro del joven hermoso y fuerte de hace veinte años. Ulises la mira sin dejar de buscar con las manos la palangana para lavarse la sangre homicida. Su cuerpo de animal terrible todavía está tenso por el combate de la tarde y se mueve con torpeza. Afuera hay prisa, los sirvientes deben limpiar el desastre antes de que salga el sol, pues mañana correrá la noticia del regreso de Ulises y vendrán a saludarlo los generales amigos que combatieron en Troya y que aún le sobreviven. Adentro, Ulises no piensa en el alba ni en sus hermanos en armas. Él, que toda una vida antes humilló al cíclope y anduvo entre los muertos en el Hades, tiembla de miedo porque Penélope, acaso, ya no lo reconoce. Habría preferido perderse en la negra noche a regresar para terminar sus días sin ella. Triste destino. Ulises se incomoda, se embruma. Los años de aventuras le enseñaron que el olor de las olas ayuda a pensar. Se levanta torpemente, animal angustiado que quiere escapar, héroe vencido por sus entrañas. Ulises alcanza el umbral de la puerta cuando una mano lo detiene. Penélope lo abraza y llora un poco.

Hace tres lunas Ulises desembarcó secretamente en la isla, pero solo hasta ahora Ulises se ha reencontrado con Ítaca. Ulises es todos los hombres: amarra sus naves al puerto del abrazo de Penélope e intenta una sonrisa. Ulises, cansado animal, Ulises expectante por el mañana.





Edwin Gamboa lee un poema de Javier Moyano Rabiarte:






Fabio Andrés Delgado lee uno de sus poemas: 


11/03/2016

ESTADO DE EMERGENCIA de Guillermo Molina Morales

Por: César Millán


Qué mejor manera de celebrar el Día Mundial de la Poesía que hacerlo con un poemario de raza, de voz valiente y joven. No importa que su autor tenga 30 años, sino que su verso sea fresco, arriesgado, que juegue con las palabras y se atreva a alejarse de los cánones.
Cuando leí Epilírica me sorprendió su insultante atrevimiento, su descaro a la hora de construir los poemas, pero también su valentía para romper roles, para aventurarse en espacios apenas pisados, para no tener en cuenta alguna esa escritura academicista acomodada y repetitiva.
Ahora Estado de emergencia ha obtenido el "IX Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez" por ser una propuesta valiente y actual, según el portavoz del jurado.
Sí, Guillermo sigue siendo valiente, arriesgado, pero parece aparcar parte de ese "gamberrismo poético", algo así alguien dijo de su primer libro de poemas, para tomar partido y enfrentarnos a los lectores  a  su visión de nuestro miedos actuales.
Claro que domina el lenguaje, incluso el poético (habría que repasar si muchos que presumen, o son considerados, poetas pueden decir lo mismo), pero es que además se permite el lujo de jugar con él, de dotarle de una vida más allá del significado de sus palabras.
Sigue siendo iconoclasta, pero asoma en su poesía un mayor sosiego (que no borra ninguna de sus características anteriores), pues no tiene que demostrar ya nada. Se nota, y mucho, que ya no estamos ante un poemario primerizo; su verso sigue salvaje, pero se ha apartado ya del desenfreno que asoma por todos los rincones de su Epilírica.
¿Poesía madura? No, y es de agradecer, pues seguro que cuando llegue arrastrará algunas de las cosas que más valoramos ahora. Eso sí, hay una evolución que, al menos de momento, no es traumática.
Aunque no le perdono que: 


Lea el texto en:





DENTRO DE CIEN AÑOS

El mundo se divide en dos:
Los que llevan gafas y los que son calvos

Todos sabemos que el poder estuvo siempre con los calvos

No hace falta que recuerde las miles de humillaciones
Los insultos las vejaciones las canículas
Que hemos sufrido por su culpa

Y ya es hora de ser valiente:
¿Hasta cuándo vamos a soportar que llenen nuestras calles
Con sus innumerables peluquerías y sus centros de depilación por láser?

¿A dónde va a parar todo ese pelamen?

¿Alguien ha visto un cementerio para calvos?

A mí también me gustaría no tener miedo
Cada vez que mis hijos salen a jugar a la calle

A mí también me gustaría saber que mi niña
Va a mantener su floresta más íntima

Me gustaría creer que España puede renacer de su desmoche

Todavía podemos
Cambiar el rumbo de la historia

Tres siglos de pelucas nos contemplan





TODOS NOSOTROS

Ya no recuerdo lo que éramos antes de ser olvidados
Posiblemente nos lo van a decir mañana
La ciencia avanza a pasos de gigante
Posiblemente nos harán más jóvenes mañana

Mañana es un buen día para seguir esperando
Posiblemente nos queda todavía mucho tiempo
Y en mucho tiempo es posible que descubran
Qué es lo que seremos después de mañana

Posiblemente ya no se acuerdan de que existimos
Nos hicieron muy pequeños para mañana
Por la mañana iremos a buscar un empleo
Es posible que no existamos mañana






Guillermo Molina Morales (Zaragoza, España, 1983). Poeta y docente. Ha trabajado como profesor de lengua y literaturas hispánicas en la “University of the West Indies” (Trinidad y Tobago). Actualmente como docente e investigador en varias universidades de Bogotá. Como poeta, sus principales obras publicadas son Estado de emergencia (Hiperión, 2013) y Epilírica (Hiperión, 2008), con los que ganó, respectivamente, el IX Premio internacional de poesía “Claudio Rodríguez” y el XI Premio internacional de poesía joven “Antonio Carvajal”.

Guillermo Molina Morales




Guillermo Molina Morales (Zaragoza, España, 1983). Poeta y docente. Ha trabajado como profesor de lengua y literaturas hispánicas en la “University of the West Indies” (Trinidad y Tobago). Actualmente se desempeña como docente e investigador en varias universidades de Bogotá. Como poeta, sus principales obras publicadas son Estado de emergencia (Hiperión, 2013) y Epilírica (Hiperión, 2008), con los que ganó, respectivamente, el IX Premio internacional de poesía “Claudio Rodríguez” y el XI Premio internacional de poesía joven “Antonio Carvajal”.



Uno

Quedó la ventana. Para ver los anuncios
Pasar. Y los pastores: amarás a todas las cosas.
También: a las mujeres (vos, mirando). A
Los hombres (yo, él, ellos). Amarás
Como se ama a los aviones. Sus palabras
Cayendo sobre nuestras cabezas. Ya no queda
Ni una casa que tirar. Tan sólo
Quedó la ventana. Y las palabras que pisamos
Porque no son las nuestras, porque a veces
Es mejor pisar la rosa que así es la rosa y seguir
Mirando. Mirar, soñar, gritar acaso: te amo a través
De los cristales, tantos, tan densos, no hay: una forma
De escapar. Tus cuadros: cristales. Mis palabras:
Cristales. Mira ahí: abajo: es Wall Street, el
Miedo. Quedó la ventana. Para llorar por
Grecia, por los parados, por ejemplo. Son como nubes
Y son el viento. Luego escribiréis en el cielo palabras de
Humo. Palabras como Nike, Coca-Cola, Comunismo.
Palabras como PIB, Bolívar, Ornitorrinco. Las sirenas
Con sus luces azules y rojas nos disfrazan de personas.
Para ser persona hay que haber nacido aquí.
Aquí, la ventana. Cada uno en su ventana, y Dios
En su ventana, mirando. El rumor de la hierba, el golpe
Del sílex, el despegue del Columbia. Eran nuestros anuncios,
Las aves espaciales: augurios. Entonces dijo Dios:
Primero serán las vacas gordas, después los cerdos.
Lo pasaron en el intermedio: de un programa
Sobre mesías y fines del mundo. Después
Sólo quedó la ventana. Y los padres, sus pancartas: son azules
O son rojas. Era bonito, pero duró. Como dura el progreso,
El estipendio, la persona. Si cambias de vela, volamos:
Que caminen los ciegos, que anden los sordomudos,
Que los calvos paseen, es posible. Que se borre
La Deuda que escrita está en el cielo: No
Es Posible. Y además no existe el cielo.
Sólo existe la ventana. Y la hierba que no pisamos
Porque es un cuadro de Monet. Y sus lagos: no
Podrás lavar tus manos, llenas de tinta. Nunca
Tocaste un solo nenúfar. Nunca has amado. Mejor
Es caer a un arroyo, a una guillotina. Estoy hablando
De cristales transparentes, de empresas de limpieza. Como
Siempre, hablando. Y la casa, todas las casas, ya las tiraron.
Quedaron las ventanas. Que no son de nadie, de quien las mira.
O, más bien, de lo mirado. Amarás a todas las cosas.
Como se ama a los aviones, el día del desfile, los soldados,
A todos os tuve una noche: a nadie he amado. Era lo justo que
Te fueras, si es que existe lo justo, si es que alguna vez te fuiste
Cuando yo estaba: mirando la ventana. Quedó, el hueco:
Quedaba. Un hueco en medio del vacío.
Y alguna palabra falsa en mi corazón.





Todos al suelo!

Esto es un poema!
Y esto es una pipa y esto una pepita y esto una sandía
Y esto Macedonia y la guerra y esto son las ganas
De amar a los banqueros
(Los banqueros son unos señores muy malos
Pero son humanos al fin y al cabo
Te comerán)
También podemos morder con furia una almohada
O morirnos a gritos siguiendo un elefante
O podemos darles con un canto
En sus dientes de princesa
Lo digo porque a lo mejor vienen luego y te dicen
Esto es una hipoteca
El mundo es una suma de factores
(Los banqueros van al cielo en Business Class)
Lo digo porque a lo mejor vienen luego y te dicen
Esto es una democracia
El menos malo de los mundos posibles
(Los banqueros ven la tierra desde Google Earth)
Porque a lo mejor sucede
Que podemos cambiar el mundo
Que somos tantos que al final podemos cambiar el mundo
Y esto es lo imposible y esto no es y oh la la
oh my god y esto es el coco
Y duérmete ya
Una democracia es una democracia es una democracia es




Crisis / Oportunidad

Es muy fácil decir: no ha sido mi culpa
Más difícil sería: Pablito puso un clavito
Y el más difícil todavía: ¿Qué clavito clavó Pablito?
¿Es culpa de las palabras
O del empresario que explota a Pablo Gutiérrez Gómez?
¿Qué fue antes: el capitalismo
O la madre que lo parió?
Yo no sé qué clavito clavó el amigo Pablo
Pero sé bien que si clavamos tanto
Y la suciedad se va en un bang




Revolución

Fuimos a identificar los cuerpos
A la última planta del hotel
Efectivamente el hotel era nuestro hotel
Lo que era muy lógico teniendo en cuenta
Que nunca en la vida habíamos salido del hotel
En el comedor varias pantallas retrasmitían
Lo que pasaba en las terrazas del hotel
Algunas ventanas se iluminaban a veces
Y otras no
Nos gustaba imaginar lo que pasaba dentro
Habíamos olvidado por completo el nombre del hotel
Pero de todas formas era nuestro hotel
Nuestras eran las sábanas que cubrían los cuerpos
Y los cuerpos eran los nuestros también





Azúcar

Asúúúcar
Celia Cruz

¿Cansado de la vida en el viejo continente?
Súbete al barco que marcará la historia
Cada minuto con el sol en tus manos
Encadénate al sueño del Caribe
Es el Caribe
De palmeras tan altas como muros
De playas tan largas como desiertos
De aguas tan profundas como fosos
No podrás
Desear nada mejor que esta isla
Un lugar donde la paz nunca termina
Y donde tú serás el centro de nuestro interés
Ya hemos llegado al paraíso en la tierra
Ya todos quieren darte la bienvenida
Así que bájate del barco y disfruta
Negro de mierda




Seguridad

Barbados fortalece su control de fronteras
Es la estación seca
Y uno se pregunta dónde mirar
Fotografías de corales
Su color de sangre floreciente
Su impaciencia de colonia animal
La hierba cruje a cada paso
Y uno ya no sabe adónde mirar
Fotografías las palmeras
Su silueta de garra falleciente
Su indiferencia de sables contra el agua
Barbados fortalece su control de fronteras
Mientras Bin Laden se muere de tristeza
En el fondo del mar







Extrañar

No sé por qué corría tanto
Pero sé
Que cada vez que estaba quieto me hundía en el mar
El mar era un ejército de elefantes azules y muertos
Un ejército que se mece tras un bosque de palmeras
Siempre a la espera
Yo no sé a qué espera un elefante que es azul y que está muerto
Pero era necesario seguir corriendo
Como corre el ratón sobre la rueda sólo que
La que giraba es la Tierra y yo en la isla
Tratando de no caer nunca al mar
Y caía siempre
Sobre una tela de arena donde los elefantes se balanceaban
Donde los elefantes se balanceaban ya sin miedo alguno
En parte porque los elefantes eran tan azules
Y en parte porque estaban muertos
Amanecía
Por todas partes amanecía en la isla el tiempo que pasa
De largo por más que alargue mis manos al sol para
Que no que no se hunda al final del día
En este mismo mar
En este mismo mar de elefantes que no son símbolos sino que son azules y muertos
Yo no sé entre cuántos elefantes habrán estado ustedes
Entre elefantes que se balancean y que son azules y que están muertos
Pero en verdad les digo que dan muchísimo miedo
Que dan miedo incluso cuando eres el sol
Yo no era un sol
Yo nunca he sido un sol ni cuando el mar era de agua
Pero de todas formas vos todavía me esperabas
Igual que si fueras un faro en llamas
Al otro lado del mar




Sabiduría popular

En Argentina piensan que los chilenos
Son los culpables de cambiar las fronteras de Patagonia
Y también de cambiarle las costumbres a Maradona
Y de cambiar el invierno al mes de agosto
Y del cambio climático en general
El presidente de Venezuela acusa a los colombianos
De tener más jorobas que los propios camellos
Y de haberse inventado un Premio Nobel
Para llevarse la droga hasta Suecia
El de Colombia acusa a los venezolanos
De haber inventado el reggaetón
Los gringos saben de buena ciencia
Que los mexicanos son animales de tres testículos verdes
Pero los mexicanos saben que los testículos verdes
Son una cualidad intrínseca de Guatemala
Y que además tienen cinco
Me lo aseguraron cuando vivía en Pachuca de Soto, Estado de Hidalgo, México
Y yo les comentaba un viejo proverbio chino que dice:
Tú blanco de mierda te voy a cortar las pelotas
Y las voy a freír en una salsa agridulce
Con un toque de pimienta y
De perejil
Otros traducen este proverbio diciendo:
El problema ahora es que la jaula
Está en el interior del pájaro

***

Ya no crees en lo que digo y sin embargo
Todo lo que digo es rigurosamente falso
Tan falso como el amor de un tren de cercanías
Que abraza veinticuatro veces al día París
Lo mismo que un tren de cercanías
Yo sólo soy el hijo bastardo de una noche
Que cansada de esperar en la ventana
Se lo montó con el caballo del príncipe azul
Galopa, galopa, caballo del oeste
Galopa a todo trote y no te pares
Hasta que lleguemos a la tierra prometida
O me oigas gritar como una esclava del Demonio
Galopa, galopa, caballo de los días
Galopa a todo trote y no te pares hasta
Que me destroces las entrañas
O me des un hijo como el sol
Pero salí yo, que soy castaño
Y el tren, que es de cercanías
Ya es tarde para reclamaciones
Y las palabras sólo son mentira

***

Era yo
Era yo y mi familia y mis amigos
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, por cierto)
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, por cierto) y el niño que le enseñaba sus órganos genitales masculinos durante el recreo
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que me pidió prestado su libro (y que no me lo ha devuelto todavía, a ver si te das por enterada) y el niño que le enseñaba la polla (abreviando) y el cantante chino del que se enamoró (mi vecina, no el niño) comiendo rollitos de primavera
Era yo y mi familia y mis amigos y Claudel y la vecina del quinto izquierda que un versículo después sigue sin haberme devuelto el libro (a ver si te pasas por casa y te olvidas del cantante chino y ya de paso…) y el niño que le enseñaba la polla y el puto cantante chino y la camarera que la sirvió (a mi vecina) y su hija (de mi vecina) y su compañero de clase (ignoro si le enseña el pirulín) que ahora es alumno del niño exhibicionista (ay, el tiempo) y un bielorruso que no conozco y, en fin,
Era el mundo entero
Lo que pediste al pedirme que me entregara enteramente a ti
Porque yo no soy enteramente yo si no es con este mundo que me rodea
Y mi nombre es sólo una palabra si no la pronuncian los demás
La pena de tu Dios
Fue que nadie pudiera pronunciar su centésimo nombre
Por eso no tenía principio ni tampoco tenía fin
Me recordaba a las noches en Islandia
Con lo que a mí me gusta el sol cuando se pone
Y hace que mi sombra sea larga como un camino
Y lo mejor de este camino es que se mueve cuando yo me muevo
Cuando alguien me llama, por ejemplo, y me dice ven aquí
Y me hace probar sus palabras, a veces llenas de miedo
Llenas de dolor y de miedo a la vida
Y yo que soy tan egoísta canto por ellos
Canto por Helena y canto por Martina
Canto por mi madre y por el bielorruso
Canto por unirnos y es que estamos tan solos
He visto que las palabras pueden hacernos llorar
Y tú que me pediste
Que me entregara enteramente a ti justo cuando
Ya había perdido la virginidad
Y las ganas de encontrarla
Quien ha mordido la tierra conserva su sabor entre los dientes
Quien ha probado la sangre ya no podrá alimentarse de agua cristalina y de miel
Vivo en la tierra y no soy la única persona en este mundo
Mis labios son la muralla de una ciudad
Que no me pertenece

***

Yo le doy una rama y ella vuela como un pájaro
Y me envía postales de los lugares más lejanos
En las que siempre se dibuja un camino
Que yo sigo sin pensarlo
Al fondo está el mar, siempre el mar
Y ella siempre, ella siempre esperando
Mientras rompen a sus pies las olas
Que buscaban una orilla desde tiempos de Homero
Y justo cuando las olas amenazan con ahogarle
Ella se marcha volando como un pájaro
Y nadie sabría decir desde la tierra
En qué rama acabará este vuelo
Cada vez que alguien me pregunta
Yo le digo que es muy fácil encontrarla
Que basta con subirse al cercanías
Y ya no bajarse hasta la última parada
Y es así cómo un día
La encontré sosteniendo el mundo
Igual que si fuera una manzana
Y la vida fuera un mordisco





Capital

Suena la lluvia o las gotas de la lluvia
Que amansan o que golpean la ciudad de Bogotá. Rebrotan
Los vendedores de paraguas, los compradores, los paraguas. Los tejados
Son los primeros en desarrollar escamas con su arcilla. Hay montañas
Que envidian o que dibujan el único rascacielos de la ciudad.
Suenan las gotas de la lluvia como monedas arrojadas con rabia. Si la rabia
Crece, crea silencios o estrellas entre las tejas. Nos gusta creerlas
O recrearlos, comprar chubasqueros con sus logos, zapatillas. En los charcos
Hay peces de colores o que nadan. Bogotá es una urbe
Con más de ocho millones de personas vivas.
El sonido de la lluvia es para todos por igual.





Joaquín Zapata Pinteño




JOAQUÍN ZAPATA PINTEÑO Nació en Elche (Alicante), España. Tras el Bachiller opositó para el ingreso en la Academia General Militar, desistió tras tres años de milicia e inició estudios de Arquitectura Técnica. En 1967 ingresa en el Cuerpo Técnico de la Administración, once años después pide excedencia para ejercer como Procurador de los Tribunales. Se diploma en Derecho de la Unión Europea y en Alta Dirección de Empresas y dirige un despacho profesional por más de treinta años.
En Madrid se diploma en Biomagnetismo Médico y en Cuba obtiene el Postgrado en Medicina Natural y Tradicional. Es miembro de la AMECA, Asociación Médica del Caribe y crea en Bogotá una Fundación Médica. 
Marino y poeta vocacional. Hace parte de los Talleres Poéticos dirigidos por los poetas Jaime Londoño, Jhon Galán Casanova y Alberto Rodriguez Tosca, que asesoró en la publicación de su primer libro de poesía que recoge poemas desde 1980 hasta mediados de 2015.


LOS VIERNES, EN EL JARDÍN

Sin querer,
todos los viernes se ponían cita en el jardín.
Adónde van los besos,
las palabras se miran sin querer.
Y sin querer
los ojos se desentienden de sus lágrimas.
El jardín era jardín
sólo cuando ella lo miraba.





DECAPITACIÓN

No era su cuerpo el metal,
ni un tren estacionado en un desierto,
ni la sangre muerta,
ni años el otoño.
No eran suyos ese cuerpo ni esa piel.
Eran racimos de la memoria descolgándose
sobre el septiembre de los otros,
como una festiva decapitación
sobre los carriles del tren.





NO SÓLO POR ESO


Sobre una nube esculpió su rostro a golpe de rocío. Una granada con sangre, abierta a gajos, descendió de su cénit hasta ella. Dentro, el hombre aún sin crecer. La nube se des- vaneció y ahora, cuando miro al cielo, veo como hila sus jirones y oigo la voz gregoriana de aquél niño. A la esculto- ra de nubes debo este reencuentro. Por eso debo amarla. Y no solo por eso.







Joaquín Zapata Pinteño presentando su
primer libro en la Librería Trilce de Bogotá.



Noche oscura

Jornalero de la noche,
negro salario a la espalda,
hace y deshace pasos,
siempre la cabeza gacha
A su invisible compaña
habla sovoz
arrendando unas palabras
Caminador de las lunas,
perseguidor de guadañas,
sordo a las voces que callan,
ciego a las oscuras horas
y mudo para nosotros
que decidimos pararlas
matando cada jornada
el orto de su esperanza
En ese hacer y deshacer sus pasos
que un grave silencio acompaña
hasta se le niegan trinos
al soldado centinela
de todas las madrugadas
Nuestros mundos separados
que las heridas c0nsagran
se cruzan en los caminos
al despertar la mañana
Y los fantasmas drogados
con refugio en las entrañas
se despiertan asustados
porque la conciencia ladra
estertores de pavor
a la miseria callada
El jornalero nocturno
tiene un temor que es el alba
Nosotros la noche escura
la noche  oscura del alma





Emperador


Desde mi sillón burdeos
le llegan a la mirada
 cuatro planos verticales
Verde cima de los Andes
con una bufanda blanca,
las fachadas de unas casas
                                      en piedra, curuba y alba,
el oro-azul de unas rejas
y el cristal de mi ventana
Toda la tarde se inunda
del oro intenso que irradia
 ese  gran emperador
que hacia el Occidente se marcha
Pero está ansiosa la noche
por extender su gran manta
que va tragándose cimas,
evaporando bufandas,
borrando los horizontes,
ocultando las fachadas
y a todos los arcoíris
robándoles su arrogancia
Ya no hay paisaje exterior
que se grave en la mirada,
solo luces que titilan
cuando la mirada es alta
Desde mi sillón burdeos
solo veo un lienzo negro,
la noche está consumada
y también el pensamiento.





Frío recuerdo     

Es yerto el paisaje
que la luz de tus ojos refleja,
es agudo y frío,
es un lago helado
oscuro y profundo
Es gélido el aire
que al pasar me dejas,
perfil de cristales
de aristas cortados
y oscuro el camino
que trazan tus pasos
de indelebles huellas
Tan inerte es el recuerdo
que más que pasado
me parece un sueño
del que se despierta
queriendo olvidarlo
----------
Verás pasar tu primavera
por la inmensa planicie de tu otero
veloz como la nube solitaria
que rauda vuela su etéreo camino
Intentarás seguirla en tu mirada,
buscarás de nuevo otra montaña
de cúspide más alta, más inédita
y al subirla, torneando,
no verás otro paisaje
que el otoño inesperado de tu vida
con sus hojas pálidas, caídas,
abrigando con su manto
tu lánguida nostalgia
Y en tu crisálida retina
quedarán impresionados
nubarrones de recuerdos
de otras vidas, que trazaron
la tuya como cautiva
En la ambición de subir más alto
llegará el transcurso de tu invierno,
pereciendo, caminando entre sus nieves,
para volver, entre cenizas invisibles,
a subirte en la cima de otro otero
Ya todo estará con su armonía
y con su inmenso silencio




Los versos resurgidos

Hoy se me niega, poema, tu escritura
y el compás de tu música escondida;
oculto está tu sonido entre fonemas
temeroso, oprimido, acallado,
prisionero del silencio
En la noche, sin estrellas, de su olvido,
en este laberinto de Teseo,
el hilo de Ariadna voy buscando
de lo que pudo ser tu métrica y tu ritmo
Con el alba llegará mi musa
y en su arpa la música escondida.
Dejarán su mausoleo los morfemas,
saliendo de su silencio, palpitando,
los versos que nunca perecieron

8/29/2016

COLOMBIA UN SUEÑO DE PAZ


Presentamos un video en el cual algunos poetas colombianos de varias partes del país manifiestan su apoyo al proceso de paz que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos con la guerrilla de las FARC-EP. 

En el video los poetas recitan un texto de Tirso Vélez en las instalaciones del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, ubicado en la capital colombiana.  "Celebrando el cese definitivo al fuego. Los poetas se unen al llamado por la Paz. #ColombiaUnSueñoDePaz". Esas fueron las palabras con las que el poeta Saúl Gómez Mantilla, quien dirigió la producción audiovisual de este trabajo,  presentó el video que pueden ver en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Z3pFuQ77OMo


Colombia un Sueño de Paz
Autor: Tirso Vélez (1953 - 2003)

Poetas Participantes:
Robinson Quintero - John Galán Casanova
Santiago Espinosa - Federico Díaz Granados
Eugenia Sánchez Nieto - Carolina Dávila
Alejandro Cortés - Fadir Delgado
John F. Galindo - Saúl Gómez Mantilla
Hernán Vargascarreño
Henry Alexander Gómez - Jorge Valbuena - Hellman Pardo
Rodolfo Ramírez Soto - Lida Pineda - Carlos David Contreras
Diana Carolina Daza - John Junieles
Ramón Cote Baraibar - Fernando Linero
Miyer Pineda
Freddy Yezed
Camila Charry
Irina Henríquez
Juan Camilo Lee
Rafaela Gómez Martínez
Antonia Lee Farfán

Coordinación:
Saúl Gómez Mantilla

Asistencia de Fotografía y Foto Fija:
Corina Martínez Silva
Paula Torrado
Susana Martínez González

Agradecimientos Especiales:
Arturo Charria
Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

Dirección y Producción:
Edwin Villamizar Meneses

Bogotá DC
2016






SÍ A LA PAZ
Fotografía: https://twitter.com/sipazcolombia

8/23/2016

Rapsodias para la pérdida de memoria


A continuación, comparto unos poemas del libro Rapsodias para la pérdida de memoria, de Alejandro Vergara. El libro fue publicado en 2016 por la Corporación Ulrika.
Al final podrán encontrar unas palabras que John Fitzgerald Torres  escribió a propósito de este libro.






Didascalia

Hay noches en las que mi cuerpo invoca dormido 
Nombres inequívocos 
Los dedos de mis pies
Pronuncian

Su eco marca la presencia de la luz incomprensible
Porqué me abre sus libros 
Porqué me enseña sus arrugas
Porqué dibuja con marcadores de colores la 
/esperanza

La melodía de la vida, la digna de repeticiones 
/infinitas
El tocadiscos de sus gestos y su voz
Una y otra vez me hacen desear cerrar el ciclo del 
/polvo
Siempre nuevo 
Habitando cuerpos como lo hacen los que me 
/habitan

A veces se desgajan de mi boca sus palabras 
Y la tierra de la tierra y del aire las reclama 
Vehementemente 
Gentilmente
Para desprender por medio de plantas nocturnas 
/el olor de las estrellas

Me avergüenza mi dinerito en sus manos a 
/principio de mes, de semestre
El que no dedico a sus libaciones sin horario
Nunca será del tamaño de sus pasos de gigante 
/revelado 
Guarda en un cofrecito el olvido como su recuerdo 
/íntimo de lo inevitable

Cuánta ternura encierran sus castañuelas, discos, 
/partituras y palabras 
Al ofrecérnoslas no son suyas
Por más que arrastren el polvo de sus cajones y 
/sobre ellos se haya cernido
Su propia desesperanza

Su casa es una antítesis del no lugar 
Sus perros y puertas de chocolate nos reciben a 
/todos agitando la cola

Mi cuerpo pronuncia tantos nombres 
Yo los recordaré
Cuando otros pies pronuncien el mío

II

Hay nombres en el día
Algunos cuya mezquindad 
Se parece a la traición





Anacoreta


El sol es un Diente de león 
Fragmentos que estallan en un vuelo de fachadas 
/sobre canarios
Las algas hacen la corte a almendros submarinos
Humaredas

Soy un Diente de león
En un prado
En una esquina cualquiera

Cornos en la oscuridad
Que los asientos de los parques brillen
Que bailen las luces peregrinas en el lago 
Que un niño sueñe que es Diente de león 

Los montículos que ruedan 
Los zapatos de los niños




Vitrales

I
Ella es la dama del dolor
La aprieto entre mis brazos pero su voz se ha ido a 
/otra parte 

Sus manos frías
Frías
Manos
Qué será de la poesía si no despierta
Qué será de mí

Ella es la dama de los girasoles
Yo reuniré sus tres pedazos 
Los comeré de tal forma que sus ayes me crezcan 
/con las uñas y pueda cortarlas
De tal forma que ya no duelan las palabras 
/esenciales
De tal forma que al salir de la cama se levante en 
/mí y nunca más la soporten vitrales rotos

¿Cómo parar la tormenta en la tienda de cristales?  
Tanto como a ella me crujen los huesos bajo el peso 
/de la noche

De madrugada la presento a los fantasmas como 
/criatura de mis entrañas

II
Las columnas de la catedral se le parecen 
Yo me inclino como un prófugo 
Pidiendo por ella 
Misericordia





vHridiana

II
No hizo falta verle para saber 
Que nada hubo de nuevo en la ingravidez del 
/astronauta
De la Tele, ballerina de la Tele 

Sé qué acuarelas pintaban su rostro 
Su Arabesque
Cómo alcanzaba cada nota con sus manos

Su rectitud se parece a la manera en que atraviesa 
/las aceras
Afortunadamente así su espalda la olvide
Nunca perderá la línea

Que el tres sea su número de suerte ya me lo decía 
/el verde de su abrigo
Armonías de jungla y sonido
No hizo falta 
La flor que vuela

Sé que también era el arpa y la noche le decía - 
/Acuérdate - en el foro
Tras los tutús de opalina 
Que entraba en escena toda hecha de agua

Siempre estuve en el foso entre los violines
En las cintas de sus zapatillas 
Escribí mi nombre




***



De la épica de nuestros días


Todo libro de poemas es una bitácora de viaje. Bien que el viajero haya alcanzado puerto seguro o no, las vicisitudes que el mundo le ha impuesto zurcen cada línea de sus poemas, las inclemencias de los elementos resuenan como trasfondo de cada sílaba, los arribos y las despedidas en cada estación apuntalan el ritmo íntimo de sus silencios. 
De antemano, el viajero sabe bien que en su travesía, los instantes de sosiego crepitarán en el fuego de las preguntas por la nueva jornada, sabe bien que el reposo le será ajeno. La vocación del viajero supone también una condena: nada es el pasado, o todo lo es, y la esperanza es una manera de estar presente. No obstante, un drama secreto acecha tras cada uno de sus pasos, tras cada impulso por avanzar: la desmemoria. De tal manera que cada una de sus palabras sostiene un combate feraz contra el olvido.  

En estas “Rapsodias para la pérdida de memoria”, con el tono épico propio de nuestros días, el viajero canta ese combate y su bitácora es una evidencia de su heroicidad mundana. Al comienzo se percibe apenas un susurro en el oído, la interlocución serena de quien sin resquemores dialoga consigo mismo al cobijo de la penumbra, un timbre que de a poco asciende en la estridencia hasta tornarse en el grito que, en medio del tráfago vocinglero, alguien demanda desde la otra acera; entonces el estallido es súbito, incluso irreverente, y es, de cierto modo, una advertencia de peligro.
La cronología de las jornadas es, a nuestros ojos, arbitraria. Cada poema supone una fecha que se inscribe al tenor del calendario sensible del viajero. Reconocemos sin embargo que, en las anotaciones iniciales, la observación es paciente, se diría que las primeras jornadas aún le confieren la prudencia de ánimo que se experimenta en la morada que todavía se divisa a las espaldas. Pero las preguntas asordinadas presagian pronto la aventura.

Luego, sueltas las amarras, el horizonte desdibujándose en la distancia, las palabras del viajero adquieren una entonación confesional. Comprende al cabo de escucharse a sí mismo que el viaje es una forma de hallar lo que se ha perdido, que el camino es, en cualquier caso, un retorno, una voluntad de reconocimiento. Entonces, como frente a un espejo, el viajero se dice: “He preguntado tantas veces por mi casa”. Entiende en ese instante que la bitácora es solo un intento de respuesta, o que el viaje, en sí mismo, es a un tiempo la pregunta y la respuesta. Ahora entiende, como en el poema de Kavafis, “qué significa Itaca”, y comprende que el encuentro con los lestrigones y demás monstruosidades también vale la pena.

Por eso, las anotaciones últimas avanzan sobre un sedimento de nostalgia. Toda memoria, todo recuerdo, irremediablemente se esfuma, y extracta el vacío. La nostalgia es la sensación del miembro ausente del cuerpo, la conciencia de lo perdido que es inútil, la elección de quien escucha en el pasado la melodía que ahora resuena en su pecho y que sin embargo no sirve de nada. Esa zozobra que crece. 

En este libro, el viajero, asumido rapsoda, entona con la voz de un hombre común, una voz engatillada de coraje, su combate contra la amnesia que impone el tiempo, enuncia la dilución de sí mismo con sílabas que anhela perennes. O lo que es lo mismo decir, con la exigencia de quien desea dar cuenta clara de su itinerario, estas rapsodias de Alejandro Vergara cantan la heroicidad humana cuya sentencia reza: Todo hombre es un héroe que lucha contra su propio olvido.


John Fitzgerald Torres







***


Alejandro Vergara. Colombiano. Estudiante de la Maestría en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Licenciado en Español y Lenguas Extranjeras de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Exalumno del Centro Don Bosco. Violinista en formación con la maestra Ruth Lamprea. Bailaor en el Grupo institucional de Flamenco y Danza Clásica Española de la Universidad Pedagógica Nacional dirigido por la maestra Indhira Guzmán. La Poesía se le revela como oficio en compañía del maestro Rafael del Castillo. En el año 2004 obtuvo el primer lugar en el Concurso Intercolegiado de Literatura, categoría ENSAYO promovido por la Editorial Norma en Bogotá. Obtuvo en el 2012 el primer lugar del II Concurso Universitario de Tango UNITEC modalidad parejas. Entre el 2011 y el 2013 en el colectivo artístico “Geografías e Imaginarios Culturales UPN” con funciones en el Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez, el Teatro Bogotá de la Universidad Central y  el Teatro Jorge Eliécer Gaitán con la obra “Un acto a la memoria, que descanse en paz la guerra”. Invitado en distintas oportunidades a las Jornadas Universitarias de Poesía de Bogotá y al Festival Internacional de Poesía de Bogotá en su XXI y XXIV versión. Coautor del libro Ríos Paralelos, 7 Poetas Latinoamericanos Contemporáneos. Ulrika Editores, 2013. Autor del libro Rapsodias para la Pérdida de Memoria, Ulrika Editores, 2016.